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Bajo el heterónimo de Bernardo Soares, Fernando Pessoa, escribió El Libro del desasosiego entre 1913 y 1935, fecha en que falleció dejando su trabajo inconcluso. Esta obra presentada como una autobiografía se compone de fragmentos que, en forma de aforismos, narran la vida de Soares. El escritor, a manera de diario, describe el entorno en el que se encuentra y sus sentimientos desesperanzadores. Lo particular es que no es una historia de ficción extraordinaria o una novela histórica sino la intimidad de un hombre nostálgico que revela el vacío que le produce su vida. En su primera publicación (1982), este libro se consideró como un presagio o una especie de pronóstico de lo que podía llegar a ser la humanidad; ahora, parece una certeza del desasosiego que implica la vida moderna.
Kevin Mancera centra su interés en esta obra de Pessoa e indaga en las cuestiones existenciales del narrador y personaje principal. A partir de distintos fragmentos, el artista crea sus pinturas en un diálogo personal con Soares, con una sutileza extraordinaria sobre las circunstancias y sentimientos a los que estamos abocados los seres humanos en el día a día. Soares se siente abandonado por Dios y, además, la incertidumbre que le genera el futuro, deriva en angustia y desesperación. A la vez, su soledad se torna en un factor determinante para el aburrimiento que expresa esperando su muerte. Estas confrontaciones exteriorizadas en el libro, generan un paralelo entre los aforismos y las figuras zoomorfas creadas por Mancera.
En las piezas que componen esta exposición, cada uno de los personajes minuciosamente elaborados sugieren reflexiones existenciales y análisis filosóficos, sin dejar de lado el carácter irónico del artista. Así, presentando una interpretación de la prosa que compone El Libro del desasosiego.
Luciana Rizo
Kevin Mancera (Bogotá, 1982) ha construido a lo largo de su carrera un extenso corpus de imágenes ricas de matices interpretativos y de situaciones absurdas. Sus dibujos, ilustraciones y grabados parten de ejercicios íntimos de observación de la realidad circundante, y se inspiran en situaciones cotidianas que desencadenan sentimientos de desarraigo, fracaso y conflicto. La complejidad psicológica del ser humano, y las pequeñas tragedias del día a día, dan forma a un universo cargado de sensibilidad y humor.
Su obra ha sido expuesta en ciudades como Stuttgart, Ámsterdam, Sao Paulo y Nueva York, y hace parte de las colecciones del Banco de la República de Colombia y del Museo Albertina en Viena.
Actualmente vive y trabaja en Ámsterdam.