¡Bienvenidos a Nuestro Museo!

TIEMPO, ESPACIO Y MEMORIA
Analizar la obra de David Manzur, es una tarea de descubrimientos e indagaciones que implican encontrar particularidades exigentes en varios niveles de significados, asociados a las visiones del artista, y, definitivamente, a un amplísimo arco de intereses personales y profesionales; de preocupaciones religiosas y metafísicas presentes en un universo por él imaginado vertido sobre lienzos y papeles. Escenarios de dramas universales poblados de personajes humanos, de animales, de objetos, donde cada uno pareciera ser la visión del génesis, del nacimiento de algo que el artista no llega a develarnos. Sus temas escapan a un tiempo cronológico para pasar al territorio de un tiempo abstracto que se sumerge en pasados y futuros para transformarse en figuraciones de presentes posibles en la esencia y el ser de la pintura; a la vez de figuraciones intimistas, de tesis y antítesis: soledad-plenitud, tristeza-alegría, fantasía-realidad, fortaleza-fragilidad, libertad-enclaustramiento, de naturaleza enigmática y espíritu trascedente, de una realidad de arte y humana en triple acción: lo personal, lo ético y lo estético. Las suyas son narrativas urbanas contemporáneas de ficciones extraídas de varias fuentes que se transforman en existencias de un creador honesto para quien el arte ha sido la razón de su larga vida.
Cada obra de Manzur, con su propio resplandor, rompe con las reglas canónicas de la creación artístico-plástica, siendo la más importante el establecimiento de un ciclo abierto de comunicación entre ellas, al mismo tiempo que a cada una le corresponde su espacio propio e individual, pero al analizarlas en proceso de creación, este ciclo comunicante la convierten en un colectivo, esto es, en un ente único de propuesta visual de formidable cualidad estética formalista. Son escenas de teatro, donde los personajes narran su propia historia, la de todos los seres humanos, historia vital auténtica que se expresa dentro de un universalismo figurativo en contraposición a un universalismo constructivista. El artista se aleja de lo pintoresco y lo anecdótico,
para dejar al descubierto solo lo esencial: una figuración en dimensión universal, sin estridencias expresionistas, pero si plena del vigor de una poética visual recia, en algún recodo melancólica de un presente que se escapa.
Una trayectoria en el arte. Constantes
El carácter poético como constante está presente en su obra desde los inicios de su vida profesional de artista. Ya superada la fase formativa y las primeras obras dentro de la figuración, pasa a un interés en las propuestas cinético-ópticas, este es el período que Marta Traba define como la década emergente en el arte latinoamericano. En esta obra Manzur se deja envolver por el espíritu de la no figuración que expresa una poética subliminal en el abordaje del espacio en el que hace mover sus personajes, en la forma figurativa de majestuosidad teatral y las atmósferas que los envuelven, al final testigos incorruptibles del ocaso, pero, simultáneamente, de la gloria de existir. Manzur no les niega un carácter animista en su hieratismo de Dioses que habitan un Olimpo de abstracciones.
David Manzur pertenece a la estirpe de los grandes pintores figurativos de Colombia. Junto a ellos inicia un período histórico continuo de características telúricas en sentido planetario, sin que esto deba interpretarse como realismo primigenio de la tierra y el cosmos locales. Sin actualismos foráneos, siguiendo solo sus instintos de creador, se acerca más a conceptualismos contemporáneos de prodigiosa carga humanista que alcanza trascendencia clásica. La expresión plástico-estética de su trabajo de arte pareciera ser sencilla, puede serlo a un simple análisis de sus valores, pero la profundidad de la propuesta infiere no alienables principios creadores de la verdadera obra de arte, aquella que está creada para estar vigente en todos los tiempos. Al manejar diestramente los varios lenguajes visuales registrados en la historia de importantes momentos de la creación artística universal, con minuciosa arqueología, ha creado una narrativa de territorios figurativos únicos y propios, de profundos significados, llegando a veces a planteamientos temáticos de orden metafísico.
Una vida, un arte, un hombre
David Manzur, viajero impenitente, tiene una vida que contar, extensa en edad y en experiencias cargadas de aventuras y peripecias existenciales; no dudamos, también de encuentros y desencuentros, de contradicciones y certezas, pero donde no ha habido dudas ha sido en la seguridad profesional y personal para realizar una obra estrechamente ligada a su propio ser. Pintor, grabador, dibujante, interesado en varias disciplinas artísticas y no artísticas: el teatro, la música, la historia del arte y la civilización, la fotografía, la literatura, la religión (católico, estudia con los Padres Claretianos), la astronomía (le interesa Julio Verne, estudia en el Instituto de Ciencias de Chicago), ha servido como docente magistral en talleres de educación artística en los que ha formado varias generaciones de artistas; en conclusión ha conducido su vida y su arte hacia la plenitud para encontrar sus temas como el místico que persigue un acercamiento a Dios. Los títulos de las obras son largos y explícitos del tema: las Meninas, las Ciudades oxidadas, la Obra negra y muchos más.
Nació en Caldas, Colombia en 1929. De niño con sus padres se traslada a Bata, Guinea Ecuatorial en África. A partir de aquí inicia un recorrido que le lleva España, y a medida que crecen sus intereses, visita varias ciudades de Europa, experimenta los horrores de la guerra civil española y de la segunda guerra mundial, circunstancias que, junto a su paso por la música, la literatura y su paso por el teatro (aunque breve pero exitoso), marcará la manera de abordar la figura y el espacio en códigos plásticos representacionales, así como también muchos de los apasionantes temas que han marcado su producción. De Europa viaja a los Estados Unidos de Norte América. En Nueva York experimenta el apogeo del arte abstracto, estudia en el Art Students League y el Instituto Pratt; en Chicago (1966), es asistente del artista neoplasticista, óptico y cinético, Naum Gabo, cuya influencia se nota en sus trabajos de los años sesenta y setenta, cuando experimenta con maderas, hilos de alambre, en ensamblajes en los que el juego de luces y sombras crea volúmenes virtuales. De esta etapa, regresa a sus inicios de pintor figurativo, característica normal de los egresados de las escuelas de arte de la época en todo este continente. Luego del período de larga trashumancia, para el reposo creador se instala en su país natal, donde aún reside a sus noventa y tantos años.
Bélgica Rodríguez
Caracas, mayo de 2022