¡Bienvenidos a Nuestro Museo!

La noche del 13 de noviembre de 1985, Carlos Saavedra perdió a más de 30 familiares. La erupción del volcán Nevado del Ruiz sepultó a Armero y con ella a más de 20.000 personas que lo habitaban. Aunque Saavedra nacería casi dos años después, la tragedia marcaría su vida. Los archivos fotográficos, los testimonios familiares, las ausencias de sus seres queridos, los silencios frente al acontecimiento y sus consecuencias modelaron, como el dócil lodo de Armero, su historia familiar.
Ahora, Carlos dirige la mirada hacia allá para explorar un hecho que dejó una profunda huella en el pasado reciente de Colombia. Más de cuarenta años después de los trágicos sucesos, en Ecos de Armero, el artista recorre los pasos de su familia entre las ruinas del pueblo, documenta con su cámara los restos de los lugares que habitaron sus parientes, retrata a los sobrevivientes y se aproxima a sus memorias.
Blanca, su abuela, es la que espera: todavía confía en reencontrarse con su hijo Manuel Guillermo, desaparecido tras la avalancha. Fernando Angarita —Tomate— es el que sobrevivió: su cuerpo y el recuerdo de seis naranjas halladas entre los escombros hablan de aquella noche. Martha, que perdió a su hermano menor, es la que ve: en el camposanto percibe presencias que impiden pensar a Armero como un lugar vacío.
La instalación, que reúne fotografía y documento audiovisual, se acerca desde una dimensión humana a un acontecimiento que, cuatro décadas después, sigue interpelándonos: una catástrofe anunciada que pudo evitarse. A través del relato íntimo, la documentación técnica, el reporte periodístico y la imagen fotográfica, Ecos de Armero convoca a un duelo colectivo frente al trauma y cuestiona esa idea, todavía vigente en Colombia, de que el silencio es la manera de superarlo.