Exposición

J’avis sinistra de Javier Morales

  • Fecha: del 20 de agosto al 24 de septiembre 2026
  • Lugar: Museo de Arte del Tolima | Sala 4
  • Curaduría : Adrián Preciado
  • Museografía : MAT


  • J’avis sinistra es una reflexión sobre la manera en que una persona zurda habita el mundo. A lo largo de la historia, quienes somos zurdos hemos sido asociados con augurios funestos, locura, vaticinios de catástrofes y hechicería. Tal vez ello se deba a que, en cierto sentido, efectivamente encarnamos esas características. Personalmente, esta percepción no me incomoda; al contrario, me interesa profundamente la brujería y la magia negra, y considero que la pintura es una de las manifestaciones más oscuras y poderosas de la magia. Para mí, pintar equivale a ser adivino, pescador y pirata simultáneamente. Mi animal predilecto es el chulo, y aspiro a criar tres ejemplares para convertirme en un ermitaño de tierras cálidas. Estas aves siniestras —buitres y cuervos— sienten una profunda fascinación por objetos brillantes y coloridos. En las últimas semanas, he recolectado plásticos y materiales de tonos específicos, concebidos casi como apuntes cromáticos para mis pinturas. Este acto, ligado al reciclaje, me invita a reflexionar desde una perspectiva instalativa sobre cómo los materiales no biodegradables terminan fosilizándose en el tiempo. El acto de pintar implica transformarse en una sibila, en un oráculo. Este proceso comienza cuando uno se convierte en un chulo que inspecciona su hallazgo con detenimiento. Al encontrar un nuevo soporte para la pintura, primero debe ser examinado minuciosamente: es necesario pisarlo, verificar si está sucio y, luego, tomarlo. Yo recojo este objeto con la mano derecha, reservada para las labores de recolección y para manipular la materia en su estado más crudo. Sin percibirlo, se bautiza este soporte, que entonces se convierte en un hijo. Se establece un pacto irrevocable con el objeto, y es en esa transformación donde emerge la magia. Para mí, este acto confirma la existencia del alma. Estas pinturas representan, en cierta medida, los horrocruxes —objetos o seres oscuros del universo de Harry Potter creados para lograr la inmortalidad— de mis recientes meses. En la obra que presento, deseo reinterpretar aquello que comúnmente entendemos como negro, oscuro u oculto. Este enfoque es fundamental, pues soy el resultado de todo lo que he visto, soñado y sentido, vivencias que habitualmente se sitúan al margen de lo convencional. Procedo del otro lado: el reino de lo intuitivo. Sé que el mundo no es tal como lo han narrado, pues toda forma de vida comienza en la oscuridad total. –  



    Javier Morales (1993, Ibagué)


    Soy pintor, investigador en artes y reciclador, mi objeto de estudio es la vida cotidiana al lado del monte, en el campo, al norte y al sur del Tolima (departamento en el sur de Colombia); cuando nací mi abuelo salía de Canaán, su finca, con destino a Ibagué para conocernos: nunca sucedió el encuentro porque la guerrilla lo fusiló en ese momento, mi abuela tuvo que decidir entre la vida de mi abuelo o la vida de mi tío Germán. Desde ese suceso violento que me alejó de una vida campesina, he llevado conmigo un campo en mi interior, que es portable pero que me distancia del campo mismo. Me interesa un relato del cotidiano arriero alternativo al relato de La Violencia; así, aparecen las imágenes fantásticas y los cuentos de encuentros con el diablo, seres maravillosos y brujas, que operan como relatos vivos que me permiten estar más cerca a las mujeres de mi familia. Algunas de ellas practican la brujería, para engatusar y para curar. Me interesa la intuición como espacio en común entre las artes visuales y las artes mágicas, creo devotamente en el arte como la constatación de una existencia hacia adentro, la prueba fehaciente de tener un alma. Soy reciclador: pinto sobre soportes que me encuentro en la calle, me interesa la memoria contenida en estas cosas que descubro, creo que los objetos también pueden observarnos. Actualmente estoy explorando en mi hacer un nuevo estilo pictórico, un injerto entre Pintura Vudú Haitiana y Primitivismo Colombiano, que me gusta llamar Primitivismo mágico.